Emperezarse, amodorrarse, quedarse medio dormido al arropo de la siesta o por el beleño del clima, tan mecedoramente uniforme. Apoyito, Embeleso y Pardela. Un cronista de la villa insular de Agaete escribía con desenfado periodístico, pero con certero SENTIDO del vocablo, esto que sigue: "El curtido hombre de Agaete vive y canta el himno ferviente de nuestra idiosincrasia, pacífica y empardelada." Cuando al isleño lo "trabaja" un Levante hasta dejarlo hecho un trapo - molido- o cuando acunado por la inalterable temperie insular se empereza hasta el desmadejamiento, pierde total y absolutamente las ganas de aplicarse a algo. Y dirá, explicativo y casi sin salirle la voz del cuerpo: "Estoy tan empardelado, que ni podría quitarme de arriba una pluma").
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