Se dice del camino largo y fatigoso que por una suerte de espejismo presenta a mano el objetivo del viaje, cuando lo tiene tan lejos que parece inal­canzable. (V. guanche, camino). En la Gran Canaria, tierra abrupta, los caminos reales, con senderos, y los atajos han de resolverse en zig-zag sobre la fuga de los montes. Ello aumenta el efecto engañoso de la andadura, creando la expresión: “camino ENCANTADO ”. Recordemos dos de estos engañosos pasos: el de La Plata, que comunica las altas cumbres centrales con el lugar de Tunte y Tirajana -hoy San Bartolomé- y el de El Risco, por el que se baja desde los mágicos pinares de Tamadaba al Puertecito de Las Nieves y el Valle de Agaete. La Academia recoge una acepción de germanía de la voz “encantar”, que parece explicar el modismo: “Entretener con razones aparentes y engañosas”. Trasladado lo picaresco a lo real de los francos, esto mismo hace el camino ENCANTADO con el caminante: “Engañar­lo, entreteniéndolo con las breves razones de sus revueltas y con la “aparente” cercanía del objetivo, que en línea recta se alcanzaría pronto, pero que se escapa, como un juego de engaños.

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