Encenderse de las mejillas por efecto de enfermedad, esfuerzo, emoción, pudor o timidez. “Se le notaba el calenturón en que estaba ENCHAPADO hasta el mismo totizo (V.)”. “Cuando a las mocitas campesinas isleñas -¿todavía?- les daban bromas subidas, o cuando simplemente les hablaban de amores, se encha­paban hasta las orejas. Y eran conmovedoras, con los ojos bajos y arrebatadas las mejillas, tan novias, como a nosotros nos gustaron -y nos gustan- las novias. (V. vieja, coger una). La fuente de enchaparse puede estar en “chapeta”, que se dice en castellano de una “macha de color encendido que sale a veces en las mejillas”. También se llama “chapa” una “macha de color rojo que se ponían artificialmente las mujeres en el rostro”.

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